¿Qué programas y herramientas te parecen interesantes para lograr una comunicación docente-artística eficaz?
Una correcta comunicación entre
docentes (de la rama artística o de cualquier otra) se obtiene en primer lugar
a partir del carácter del docente y la forma que tiene de relacionarse con sus
alumnos. Yo creo que para esto no existe la teoría, y que hasta que seamos
profesores sólo podremos hablar de nuestra experiencia como alumnos. De cómo
debería ser un docente según mi opinión ya hablé de manera extensa en la
pregunta número 3.
Volviendo entonces a la pregunta que
nos concierne, creo que un docente de la rama artística dispone de muchos
medios para lograr una comunicación eficaz con sus alumnos, gracias a la
naturaleza de la asignatura que imparte.
En primer lugar, el profesor de
arte dispone de muchas oportunidades que debe aprovechar, como convocatorias y
concursos de arte entre institutos, algunos incluso a nivel internacional. Este
tipo de actividades motivan mucho a los alumnos, sobre todo a los del bachiller
artístico, o por lo menos esa es la experiencia que tengo yo de cuando era
alumna y nos presentábamos a concursos que nuestra profesora buscaba. Aquella
mujer conseguía esa “comunicación docente-artística eficaz” porque con su
energía y su pasión por el arte nos contagiaba y nos llenaba de ganas y motivación.
Los recursos digitales también
permiten una comunicación muy eficaz. En una asignatura artística, un blog de
clase por ejemplo permite que los alumnos compartan sus trabajos No sólo con
sus compañeros sino con el resto del mundo. Crear una galería o exposición
digital con las obras creadas a lo largo del curso puede ser una manera de
incentivar a los alumnos a que sigan creando, a que se esfuercen más y a que
valoren más el arte.
Los proyectos artísticos en los
espacios del centro son una manera de despertar el interés de todo el alumnado
por el arte y fomentar el trabajo en grupo a la vez que los alumnos se
divierten y mejoran los espacios comunes. Me refiero, por ejemplo, a pintar
murales en paredes exteriores estropeadas, a hacer intervenciones artísticas en
el patio de recreo, exposiciones de obras hechas en clase por los pasillos,
murales e intervenciones que conmemoren días especiales (en el instituto en el
que yo estudiaba, todos los años funcionaban muy bien las intervenciones para
el día de la mujer, en la que todo el instituto participaba). Con este tipo de
actividades, los alumnos aprenden a trabajar juntos y se sienten orgullosos
porque ven el efecto positivo de su trabajo en los espacios que recorren todos
los días.
Visitas a museos, galerías,
visitas culturales para ver grandes obras arquitectónicas del país… todo este
tipo de actividades extraescolares suponen una motivación para el alumno y
normalmente despiertan en él un mayor interés por la asignatura. Además, parece
que en los institutos muchas veces se olvidan de que los adolescentes tienen
que disfrutar, experimentar y conocer cosas nuevas, y que cuando las
actividades se tornan lúdicas o cuando ven que un profesor les hace el regalo
de llevarles de excursión, posiblemente aprendan mucho más con ello que con
varias tardes de estudio encerrados en su habitación.
Por último, hay un detalle que me
gustaría mencionar. En mis años como estudiante de arte (bachiller y bellas
artes) siempre me he encontrado con dos tipos de profesor; aquellos a los que
ves dibujar o pintar en clase, que te enseñan manchándose ellos las manos, que
te muestran sus obras, o que al menos puedes encontrarlas en internet; y
aquellos a los que nunca les has visto coger un lápiz y dibujarte en la hoja,
que no tienes ni idea de si pintan o no pintan y que hasta dudas que se les dé
bien el arte. Bien, llegados a este punto, es obvio que cada profesor tiene
derecho a elegir si se muestra a sus alumnos como artista o no, o si quiere
establecer una barrera entre su vida como artista y su vida como docente. Es
lógico y normal. Pero sí me gustaría decir que, desde mi experiencia personal,
cuando un profesor de arte se muestra como artista, o se sitúa en el nivel de
los alumnos y pinta con ellos, se implica activamente en todas sus actividades,
hace que éstos le tomen mucho más en serio, le vean como inspiración y no como
la persona que sólo les manda trabajos y les pone una nota. Repito, es sólo mi
opinión personal, pero aconsejo a mis compañeros, futuros profesores de arte, que
no tengan miedo a enseñar a sus alumnos lo que hacen; ellos siempre van a
disfrutar viendo los trabajos de alguien con mucha más experiencia que ellos en
el mundo del arte, y van a mostrarse más dispuestos a aprender cuando aprenden
de un artista.


